Viernes, 19 de Agosto


Las amistades eran complicadas.

Como el nuevo wifi, que empezaba a ir a patadas, o simplemente no ir desde la primera noche.

Eso estaba fuera de lugar, pero era una bonita y eficaz metáfora. A lo que iba es que aquel jueves, que parecía tan igual y tan diferente, me aclaró el porqué de la ley de hielo contra mí por parte de algunas personas. Entre ellas una pequeña alma que dormitaba esa mañana en mi habitación, que en un acto de arrepentimiento y borrachera se sinceró. Abrí ojos con respecto a una de las personas que creía cercana, ya no lo era, o simplemente nunca lo fue. Había una faceta que no aparentaba, ni la conocí hasta las palabras de la arrepentida. A razón de nada pensaron que era buena idea echarme de sus vidas, y daba gracias que así fuera, ya que, si eran capaces de comportarse así conmigo, o cualquiera, no merecían gente con corazón a su alrededor.

No me llamaba buena persona, pero estaba segura que nunca fallaría a una amistad, las valoraba demasiado, ya que nunca había tenido muchas, las cuidaba como oro en paño las poquitas que llegaba a forjar.

También esa noche me había encontrado con mi fugaz pero intensa amistad de inicios de verano, mi versión ebria, que tenía más huevos y cara que sobria, tentó a la suerte y acertó a preguntar el porqué del abandono. Una respuesta mal compuesta, con excusa barata propia de la mentalidad de un niño fue lo que obtuve. Dolió. No lo vi cómo tan grave error y menos como llave a que la amistad cayera a la misma velocidad con la que se formó.

Estaba bastante harta de la falsedad, ese ‘Ana cuanto tiempo’ debería ir respondido con ‘el que has querido’. ¿Por qué hacer como que una persona te caía genial si no la soportabas? No era excusa para tratarla como la mierda, pero si como personas, o simplemente no la trates.
Me reconcomía tanto que me costaba expresarlo, veía lógico y de cajón algunas acciones que a la mayoría les costaba un mundo. Jodido orgullo. Si hablando se entendía la gente, vale que no habría tanto dramatismo y misterio, pero por ahora no había telepatía con la que leer mentes, si no decías lo que sentías o lo que te molestaba no deberías de esperar que la otra persona por obra y gracia lo supiera.

Como se decía, de los errores se aprendía, no estaba segura de todos los errores cometidos, pero los tendría que ir remendando, e intentar no tropezar dos veces con la misma piedra. A menos que la piedra fuera yo misma, todavía no llegaba a comprender cuanto repercutía mi manera de verme con respecto a la manera que me trataban las amistades. ¿Se aplicaría en este caso la cita de ‘aceptamos el amor que creemos merecer’?  aunque en vez de amor serían acciones de la gente con respecto a uno mismo.

No estaba segura si lo enfocaba bien, ¿sería un punto de vista correcto o solo me lo parecía porque era el mío? Debería de indagar más.

El internet seguía sin ir del todo, santa paciencia. Otra amistad que me estaba fallando, pensaba que teníamos algo, que iba a ser especial. Wifi vuelve a mi vida.


12:26 era hora de que despertara a las bellas durmientes de mi habitación.

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