Miércoles, 3 de Agosto

Este verano me estaba olvidando de tradiciones centenarias como leerme ‘un lío en la playa’, novela juvenil, para que engañarnos, que me había estado leyendo todos los veranos desde hacía 9 años, vale que el libro no había sido un regalo directamente hacia mi persona, sino que pertenecía a mi hermana, al mío apenas le llegué a prestar atención años atrás cuando hojeé sus páginas y lo leí con desgana. Puede que me llamara más este porque la protagonista era tocaya mía, y vivía un romance veraniego envidiable y fantasioso. A esta pequeña Ana ya le sacaba como 5 años, como pasaba el tiempo. Puede que la reciente ingesta de temporadas de la chica invisible (awkward, palabra que me definía desde hace años) me hubiera subido los niveles de dramatismo en sangre, y que esto concluyera que en mi cabeza retumbe la voz de Jenna mientras escribo. Refugiémonos en que son síntomas sieriles, pequeñas obsesiones que te cambian la manera de ver el mundo creyéndote la prota de tu propia serie y con capacidades de poder escribir y no sonar a pardilla. El dramaTal vez solo me refugiaba en esta pequeña fantasía para soportar las ya tres semanas que residía en casa de mi padre, miento, tres semanas cumpliría este viernes y todavía me quedaba un largo, y muy en medio, miércoles. La tensión en esta casa estaba en el ambiente desde hacía dos, ya que la primera semana de convivencia nos dejaron bajar la guardia haciendonos pensar que las cosas habían cambiado y la gente sería más comprensiva. Grasso error. ¿Por qué les costaría tanto simplemente decirnos lo que necesitaban a cada momento? No me opondría y haría sin mediar palabra, pero no, mejor echar pullas y charlas sobre lo irresponsables y mayores que somos, e inútiles.

Dejémoslo estar. Las cosas andaban caldeadas y mejor mantenerse al margen no te vaya a salpicar mucha mierda. Solo buscaba la señal de por dónde tenía que saltar al vacío.

Semana y media. 'Tú puedes', es el mantra de esta mañana tan lamentablemente usual.

En otros temas tampoco mejoraba la cosa, creí que este verano sería diferente por su inicio, llevaba racha de chasco-ilusión-chasco nuevamente. Ilusionarme por tener nuevas y prometedoras amistades me haría muy mal algún día, aunque hasta ahora lo había sabido llevar medianamente. O eso creía hasta que me daba la vena sensiblera por no entender el abandono repentino de ciertas personas. Estaba pasando un verano sola, y no digo en el terreno amoroso que ya estaba asumido, sino en el de las amistades. Carecer de ellas inquiría también carecer de planes que me sacaran de este pequeño agujero de zorro. La pescadilla que se muerde su cola, el círculo vicioso al que me tenía que haber acostumbrado hace bastante.


Ya había recurrido a reordenar el cuarto, reorganizar y redoblar la ropa, en las dos lejas que teníamos mi hermana y yo como armario, y un intento de pasar apuntes a limpio, de una asignatura la cual debería haber empezado a estudiar hace ya si me la quería quitar en septiembre. Si, decaía como alumna, pero no dejaría que el curso que empezaría en mes y medio siguiera así, me había propuesto cosas y esta nueva faceta mía de creerme prota de serie avivaba mi fuerza de voluntad, pero no hoy.

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